La Universidad de Stanford tiene un código ético, escrito en 1921, en el que los estudiantes prometen que no van a copiar ni a plagiar, como en todas partes.

Pero la excepción se cumple en la Facultad de Informática. El año pasado, según un informe del centro, el 22 por ciento de las violaciones de código fueron estudiantes a los que se pilló copiando en clases de informática, con el sencillo sistema de copiar y pegar código.

Y esto no es nuevo, porque en años anteriores ese porcentaje ha oscilado entre el 20 y el 60 por ciento de todos los casos, a pesar de que los alumnos de informática suponen apenas el 7 por ciento del cuerpo estudiantil.

El Departamento de Informática utiliza un programa que detecta similitudes en el código de los estudiantes, tanto con los de su curso con los de años anteriores, pero ni eso parece detener la tendencia.

Así que se ha adoptado un nuevo sistema, menos técnico y más social: si alguien copia, se aumenta el porcentaje que pesará el examen final (en principio, un 15 por ciento) en la nota de toda la clase.

El año que viene se comprobará si la presión social de los compañeros funcionan mejor que las normas y los controles automáticos.

Vía: Baquía

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